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Como si fuera un abrazo, una caricia
A Jorge Baron Biza, in memoriam
Alejandro Margulis
No es culpa tuya, Amiga Que el hombre que querías Se matara.
No es culpa tuya, Amiga Porque el tipo era suicida Antes de vos.
No es culpa tuya, Amiga Ni lo provocaste a hacerlo Que no te enrosque.
No es culpa tuya, Amiga Yo lo conocía y los vi juntos Y él estaba bien cuando Estuvo sentado todas las veces Que lo estuvo, comiendo a tu lado.
Yo los vi juntos, Amiga Me acuerdo de esa noche que vinieron Los dos a casa, que después acordate Me dijiste: "-El querría ser como vos, Te admira". Y yo pensé: este tipo está Loco. ¿Cómo va a admirar lo que yo tengo, Si él es un escritor mucho mejor?
Pero loco estaba, Amiga. Y lo sabía, aunque a veces fingiera con tanta inteligencia su neurosis.
Bueno, Amiga Finalmente lo hizo. Se dio el gusto. Su última chiquilinada, como quien diría, para estar cerquita de mamá.
No es culpa tuya, Amiga No compres su basura.
Y no digo que no lo hayas querido, nonono. Digo que nada podías hacer vos para evitarlo: Un suicida se suicida cuando se le dá la gana, Amiga Él mismo lo describió muy bien, cuando escribía.
Después, claro, por supuesto, yo te entiendo Queda esa horrible sensación de ay si yo hubiera estado al lado suyo como me lo pidió tantas veces: ¡bull shit, Amiga! No estabas porque él no te lo permitió.
Vos y él sabían, Amiga, que un loco sólo puede estar con gente si resigna su capricho de vivir rodeado de enfermeros. No una mujer al lado, te pedía él -vos me lo contaste muchas veces-: Él quería de vos que le sostuvieras tontamente la vela (y que lo fueras velando como una María Magdalena con vocación de apostol, que a Dios gracias, Amiga, no lo eras Ni lo sos).
No es culpa tuya, Amiga Y disculpame si esta carta me salió en forma de verso Poesía dirán algunos generosos (la escribo al correr de los dedos porque tu celular está desconectado y tu teléfono no funciona) y porque me preocupa lo mal que te vas a sentir tanto o más de lo que te estás sintiendo.
No es culpa tuya, Amiga Pero ahora se te van acabando las excusas: Vos y yo sabemos que el remordimiento se va a hacer unas fiestas bárbaras Con tu cuerpo y con tu pelo, Y tal vez hasta te vengan calenturas de las más fúnebres que hay y bueno: así sos vos. Vos, no él. Porque vos no sos suicida. Y en eso serás quizás una poeta Algo más lenta, para expurgarte los Barones Bizas del alma, Pero sos mejor persona. No es culpa tuya, Amiga Y no estoy diciendo con esto que el idiota no merezca compasión y sepultura. No es culpa tuya, Amiga Estoy diciendo porque te conozco Y lo conocí un poquito a él -y ésta que viene es la escena que quería recordarte, y que traté de dilatar, se ve, porque no me le sentía confianza a la prosa: estábamos en mi cumpleaños del año que yo escribía acerca de ese chico árabe con tendencia suicida (te acordás de quién, supongo) y vos y Baron Biza subieron un rato antes de que todo el mundo llegara para charlar en mi estudio, en la casa nueva.
Me dieron ganas en un momento de mostrarle al tipo alguna de mis pinturas, y saqué de al lado de la ventana uno de esos cuadros grandes que había estado pintando con Manuel y con Delfina: no sé si te acordás, era uno bifaz, de la serie de los bifaces, que del lado que había hecho con Delfina tenía una niña como en un prado, enorme ella, de trazo infantil y pintura elaborada, toda luminosa y pulcra (de lo más pulcro que yo pude hacer, claro, en esos días); y del lado de Manuel había un jetón de cabeza, pura cabeza desproporcionada: ojos gigantescos, desmesurados, saltones, que realmente lindo no era pero sí expresivo (con algo afanado de Munch y de ese otro pintor que pinta, pintaba personajes amarillolicuosos y raros, que dan antes penita que asco, o algo asi). Entonces yo estaba ahí, en el estudio, y Barón Biza y vos estaban sentados juntos, muy lindos los dos, mis primeros amigos en pareja de esa etapa tan transitoria de mi vida, mientras escribía el engendro ése que me hizo relativamente famoso, acerca del chico idiota con vocación de suicida, y Barón Biza dijo:
-El retrato del pajero.
No es culpa tuya, Amiga Que haya dicho esa barbaridad que me dolió, No porque no fuera en parte cierta (porque yo había pintado en alguna medida ese cuadro con mi hijo con el mismo enfático placer de la creación con que uno se masturba, cuando no sabe todavía que hacer el amor es otra cosa, mucho más intensa y mejor, porque sucede en compañía) sino porque yo además de expurgar autocomplacientemente mi caro gusto por Onán, mientras pintaba, estaba también consiguiendo transitar con mis hijos (y en ese punto en particular con el varón) el camino hacia la cordura.
No es culpa tuya, Amiga Que el tipo con el que vos salías hubiera sido así, Un envidioso. No es culpa tuya que él haya pensado que yo tenía Algo que él no
(cuando yo en realidad lo escuchaba con admiración pensando que ese hombre ex alcohólico ex director periodístico importante ex autor anónimo que acababa de ser consagrado el escritor argentino del momento -breve prestigio- estaba ahí en mi casa opinando sobre una obra mía absolutamente fuera de circulación, y no como la suya, tan laureada).
No es culpa tuya, Amiga Y perdón por tanta anáfora Ya a esta altura algo banal.
No es culpa tuya, Amiga Que no domine yo mejores técnicas Para hacerte sentir bien.
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